martes, 24 de julio de 2018

Miedos

Los verdaderos momentos entre dos personas surgen cuando se empiezan a decir las verdades sin miedo a perder. 
Es en ese instante cuando afloran sentimientos hasta ahora bajo llave. Se desata la tormenta!

Mi amigo, que se llama a sí mismo profeta, ha visto algo en su bola de cristal. El cree (y cito textualmente) que el único deseo que perdura si se sigue para adelante es el reprimido.

La realidad manda!, le he dicho a mi amigo para justificarme. Y entre carcajadas me advierte de que sus profecías no son inmediatas.
Ojalá este en lo cierto.


sábado, 23 de junio de 2018

Soldado que huye.

La distancia es la excusa. Una explicación un acto de valentía. La indiferencia una actitud. Sin embargo, es el silencio lo único que nos aleja.
Be brave soldier, para huir siempre hay tiempo.



martes, 19 de junio de 2018

Roja



Yo soy roja, roja pura. Mis sábanas son rojas, mis cortinas y la pared de mi cuarto; rojas. El 50% de mi ropa y el 80% de la de mi hijo; mi mochila favorita, el polo de mi trabajo, la funda de mi reflex, mi llavero, mis gafas y, por supuesto, mi cocina. Él se empaña en llamarme princesa..., pero yo sigo siendo tan roja como la caperuza de Caperucita, y como tal, no quiero estar entre príncipes, sino entre lobos.




martes, 12 de junio de 2018

El juego de las sillas

No hay duda de que la roja es mi favorita. Es anchota, dos caben seguro, ya lo probé en su día. Tres caben si se aprietan, pero espero que estéis de acuerdo conmigo en eso de que "si aprieta, no es tu talla". Aunque no es su color lo que me atrae, sino en lo que me convierto cuando estoy sentada en ella. La azul de patas blancas es para ti, me dicen. Tres veces me han tentado ya con ella y aun así, mi segunda opción, es otra: la naranja.  Esta nos gusta a ambos, a mi amigo y a mi. Se ve inestable, de patas muy finas. Da miedo, pero se nota que está hecha con materiales de calidad.

Al menos he descartado la morada, la amarilla y la verde lima.

¿Roja, azul o naranja?

Céntrate -me dice mi amigo-. Céntrate o cuando la música deje de sonar serás la única que se quede de pie.

viernes, 27 de abril de 2018

Tres minutos.


Mamá Cangrejo necesitaba algo para ordenar las conchas, unas algas estarían bien, pensó. Desde hacía un par de meses, la familia cangrejo vivía en un caos organizado. Diez pequeños cangrejitos tenían la culpa. Aprovechó el momento en el que papá Cangrejo llegaba para ir en busca de las algas.
–Ahora vengo. No los dejes solos –le dijo mientras chasqueaba sus pinzas al salir–, y si no les escuchas, ¡CORRE! No tardaré más de diez minutos.
El pobre papá Cangrejo asintió resignado, los pequeñines jamás le hacían caso. Meditó si estos se comportarían así solo para escuchar las risas de su madre mientras él, a su regreso, le contaba todo lo que le habían hecho en su ausencia. Ella, al final, siempre le decía lo mismo: «son pequeños, si no están moviéndose, algo va mal». Y así era.
Al salir esa tarde, mamá Cangrejo vio una concha de ermitaño vacía. Una preciosidad. Reflexionó un instante si llevársela. La cogería mejor a la vuelta, se decidió. «¿Para qué cargarla todo el rato?», resolvió; aunque a uno de sus pequeños le quedaría perfecta tampoco le hacía tanta falta.
Como buena madre, acabó cogiendo más algas de las que necesitaba. Se dio cuenta de regreso, cuando quiso tomar la concha, pero le fue  imposible; su lema: "más vale que sobre a que falte" le pasó factura de nuevo. Tendría que dejarla allí… otra vez y volver más tarde, dijo para sí resignada resoplando unas burbujas. Hacía más de media hora que se había marchado de la cueva y ese era el límite si quería encontrarla sin derruir. Mandaría a papá Cangrejo a buscar la concha, así le daría un poquito de aire; le vendría bien, se terminó de decidir.
Ya llevaba andados un par de pasos, pensando en sus cosas, cuando escuchó algo cerca. Le pareció el golpeteo de unas pinzas diminutas.
–Suena igual que mis pequeños, pero no, ¿qué cangreja iba a dejar solo a su cangrejito por aquí? Eso no cabe en el caparazón de nadie  –rumió para sí.
Anduvo dos pasos más y volvió a  escucharlo.
Su instinto maternal le hizo volverse para confirmar que no estaba equivocada. Allí, medio encerrado en una concha de ostra, con una minúscula abertura, un bebé cangrejo chasqueaba sus pincitas bastante inquieto. Era el cangrejito más rico que había visto jamás…, después de sus pequeños, claro. Suspiró.
Por más que observó, mamá Cangrejo no vio rastro de nadie por allí. El pequeñín estaba solo. Ella quiso tranquilizarlo, pero el cangrejito seguía nervioso en la concha, más bien se le veía asustado. Mamá Cangrejo no pudo sacarlo, aunque lo intentó con todas sus fuerzas, dejando a un lado las algas que traía. Tendría que romper la concha, reflexionó, y eso podría hacerle daño al bebé cangrejo.
–¿Es de alguien está concha? Hay un cangrejito en ella. ¡SOLO! –gritó sin disimular lo más mínimo su enfado.
A lo lejos vio como una cangreja de pinzas enormes, que también estaba amontonando algas, se dio por aludida. La miró con desafío mientras se le acercaba.
–¿Es su bebé? –le preguntó–. Está asustado y SOLO.
–Apenas hace tres minutos que me fui; además, está durmiendo.
–¿Crees que si durmiera yo lo habría oído? Está asustado y SOLO  –repitió de nuevo mamá Cangrejo.
–Han sido 3 minutos.
No podía creer lo que oía. Hacía más de media hora que ella misma había pasado por allí. Y menos crédito aún dio a lo que presenció después. La cangreja de enormes pinzas se fue sin más explicación para terminar de recoger sus algas dejando, por segunda vez, al bebé cangrejo solo en el interior de la concha.
Mamá Cangrejo empezó a sentir como le subía el nivel de hemolinfa y recordó esa frase que había escuchado a su madre en alguna ocasión: "Hay cangrejas que no deberían tener cangrejos."
En ese instante habría machacado a esa cangreja, todo y que aquella parecía más corpulenta y de pinzas más grandes. Pero no lo hizo. La verdad es que poco podía hacer salvo esperar a que volviera aquella crustácea mal encarada a por su bebé para asegurarse de que no le abandonase. Pensó en papá Cangrejo y en sus pequeños. Moriría sin ellos.
Esperó junto a la concha de otra y el cangrejito, una espera que se le antojó interminable. Fueron los diez burbujeantes minutos más largos de su vida. Ser madre es lo que tiene, hay un antes y un después.
«¿Y ahora qué? Nada», pensó. Le había hecho una foto a la concha y pensaba compartirla en InstaCrab, con lo ocurrido, pero de nuevo se dijo que eso no era muy legal, además de éticamente incorrecto. Y así quedó la cosa.
Cuando llegó a su cueva se llevó una gran sorpresa, esta vez fue papá Cangrejo quien había atado a los pequeños con las algas que mamá Cangrejo había dejado a medio atar. Por primera vez lo de "antes que sobre que falte"  había sido un acierto.

miércoles, 28 de marzo de 2018

3. Ana.


- Duermo sola. Te apatece calor humano?
  En línea.  Escribiendo... En línea.

-Hooola. ¿Dónde estás? Te recuerdo que esta mañana amanecí supertemprano. No esperes que a las 11 este muy cuerdo.

Eso era un clarísimo "no me apetece", entrando más en detalle se traduciría en un "estoy cansado y follar contigo no es tan bueno como para perder horas de sueño". Raúl no había sido tan explicito porque sabía que Ana lo pillaría.

-Bueno, era una idea, nada más. Estarás cansado por la visita de esta mañana. Se que cuando te levantas antes de las 8 a las 10 ya no eres persona. Otro día.

Ana era consciente de lo que pasaba pero no quería hacerlo real. Cada dia desde que se conocian Raúl se había levantado a las 7 y poco, no necesitaba despertador, y todas las noches hablaban hasta pasadas las 11 por no decir las 12. El cansancio era una excusa para no confirmar que el ya no necesitaba tenerla tan cerca, con un par de polvos a la semana quedaba cubierto. Ana ya no le ponía como antes y pajearse empezó a ser suficiente.

-Anaaaaa...
-Dime..
-¿Cómo estás?
-Bien...
-Se que no es así. No estás bien. Cuéntame.
-Para que. Ya sabes lo que me pasa. No quiero tener una conversación chunga. No verte ya es chungo con que tener esta conversación no nos hará bien. Después me quedaré jodida y se me harán las tantas intentado entender el porque no deseas estar ahora mismo bajo mis sábanas haciéndome gemir como una perra.
-Mañana.

Pero mañana no pasaría, y él lo sabía. El hijo de Ana estaría en casa y ella no quería que el pequeño se encariñase en exceso. Raúl era un alma libre.

-Nos vamos a dormir? Yo no pero tu mañana madrugas.
-Si, vayamos a dormir que estás cansado y ya son casi las 12.
-Ten bonitos sueños. No te acuestes muy tarde.Te quiero princesa.
-Yo también. Hasta mañana.

Las 12, dijo que a las 11 no estaría cuerdo así es que lleva una hora diciendo locuras. Te quiero era una.

               
                ******

-¿Duermes ya?
-Hola! Yo no pero tu deberías. El cerebro de los niños madura y asimila lo aprendido mientras duermen.
-Ja ja ja ¿Qué haces?
-Pues me pillas en mitad de un polvo pero dime.
-Tenia curiosidad y me instalé tu jueguecito. Tia, ¡hay pokemon en mi cama! Tengo un gimnasio justo entre mis piernas.
-Ohhh!! Cuenta, cuenta.
-Me han salido dos de esos peces de los  que tanto me hablas pero son amarillos.
-Un shini. Hijo del mal!! ¿Me estás proponiendo algo?
-Solo informaba pero bueno...
-Soy toda oidos.
Julian vivía en la playa, a unos cm de la arena, y en su anterior visita Ana descubrió que había un gimnasio en la habitación, justo al lado de la cama. Y dónde hay playa hay magikarp y Ana era adicta a esos pececillos. Ni que decir lo que sería capaz de hacer por conseguir un gyarados rojo.


miércoles, 14 de marzo de 2018

2. Raúl.



-Buenas noches. Estoy cansado, ha sido un día largo.Me voy a dormir. 
Las 11 ya era trasnochar para él. Aún así sabía que sonaría el teléfono, Ana no podía conciliar el sueño sin antes escuchar su voz. O como ella decía, su aterciopelada voz.

-Buenas noches mi amor. Ten bonitos sueños. I♡you.

Ya? Solo un WhatsApp. A Raúl le resultó extraño pero su cansancio pudo más que su curiosidad. En realidad le estaba agradecido.

Para Ana aquel "buenas noches" tampoco fue como él de las otras noches.

Miedos

Los verdaderos momentos entre dos personas surgen cuando se empiezan a decir las verdades sin miedo a perder.  Es en ese instante cuando ...